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La Baraja en Brasil

Tiempos Coloniales

Barcos e dinheiro

Marineros jugaban cartas en los intervalos tranquilos de los largos viajes cruzando el Atlántico. Los habitantes de nuestra tierra trajeron sus mazos de cartas de Portugal y necesitaban conservar ese frágil instrumento de juego, sensible al calor y a la humedad de nuestro país y las animadas secciones para las que estaban sujetas.

Así fueron por dos siglos. Lejos de los ojos de la Corona y favorecidos por la escasez de este material, hubo intentos de su impresión en Recife y Rio de Janeiro, en el siglo XVIII, debidamente confiscadas por las autoridades por violar el monopolio de la corona portuguesa.

En 1769, se ha creado la Real Fábrica de Cartas de Jogar en Lisboa, un anexo de Impressão Régia, con el privilegio de fabricación y venta en todo el Reino y las colonias. Se establecieron, entonces, el precio de 100 réis para la baraja de cartas en Portugal y 150 réis para Brasil y demás dominios extranjeros.

Mientras que en el Reino la Real Fábrica sustentaba la alta rentabilidad, en Brasil, se alertaba a las autoridades de norte a sur por las falsificaciones. En ese entonces, estaba de moda el juego Voltarete.

Barcos e dinheiro

Nuevos Vientos

La llegada de D.João VI y su corte a Brasil en 1808, trajo el impulso a la actividad económica, con la apertura de puertos y la creación de la Impressão Régia en Rio de Janeiro. Tres años después, se le ha anexado la Real Fábrica de Cartas de Jogar, que ha pasado a tener el monopolio de la fabricación y la venta de barajas. En 1818, se dio en arrendamiento a Jaime Mendes de Vasconcelos & Cia. El contrato ha sido rescindido por la falta de pagos en 1823, limitando a continuar el monopolio del Estado.

En los años siguientes, se comienzan a ofertar barajas importadas de Europa; en un primer momento de Francia y Alemania, y luego de Bélgica. Como la capital del Imperio y centro económico del país, Rio de Janeiro atrajo inmigrantes, entre ellos técnicos en grabados, que le darían más calidad a lo que se producía aquí.

El siglo XIX se cierra con la aparición de dos fabricantes de cigarrillos en Recife, que aprovechan su sector gráfico para producir cartas de juego: Moreira & C. y Azevedo e C., respectivamente con la “Fabrica Caxias” y la “Fabrica Lafayette”, ambas fundadas en 1884. En São Paulo, V. Steidel & C. producía cartas litografiadas.

Una cuestión de nombres

En Brasil, había un predominio de cartas con sistema de naipes latinos hasta la segunda mitad del siglo XIX. Los nombres que designaban a los cuatro grupos eran coherentes con su diseño: los oros eran monedas, las copas eran cálices, las espadas eran armas y los bastos eran palos. Con mayor influencia francesa y del norte alemán, a través de Portugal o directamente en Brasil, se extienden las barajas de naipes franceses, manteniendo la misma denominación para los símbolos, lo cual ahora ya no tiene mucho sentido: oro para los diamantes, copas para los corazones, espadas para las hojas y bastos para los tréboles.

Linha de Reis Linha de Damas Linha de Espadas

El inicio de COPAG

Las barajas de empresas como Wüst y Dondorf, ambas de Frankfurt, se exportan a Brasil al entrar al nuevo siglo. Precisamente, el tercer patrón de Wüst es el que Albino Dias Gonçalves ha escogido para comenzar su nuevo negocio, Albino Gonçalves e C., en 1908, en São Paulo, importando cartas de esa empresa alemana. Diez años después, la empresa cambia su nombre a Companhia Paulista de Papéis e Artes Gráficas (C.P.P.A.G.).

Documento da Companhia Paulista de Papéis e Artes Gráficas Taça/troféu símbolo da Copag
A la izquierda, un documento de la Companhia Paulista de Papéis e Artes Gráficas; a la derecha, la copa/trofeo símbolo de Copag.

Era la época en que el póquer comenzaba a tener popularidad. En 1923, aparece la marca símbolo de la empresa, el “139”. El diseño era del “Trophy Whist #39”, de la norteamericana United States Playing Card Company (USPCC), en su segunda versión, con índices grandes. El joker (comodín) de esa baraja ha inspirado la famosa copa/trofeo que se ha convertido en icono de Copag.

En 1930, con la adquisición de máquinas off-set, la empresa ha comenzado a imprimir las cartas. El cierre de los casinos y la prohibición de los juegos de azar en 1946, no han impedido el crecimiento de la empresa. Después de todo, la sociedad preelectrónica tenía su mayor diversión en las cartas. Los juegos de bridge y burako comenzaban a ganar muchos adeptos.

INTERNACIONALIZACIÓN

En 1987, las instalaciones se trasladan a la Zona Franca de Manaus, formando Copag da Amazônia. Al final del siglo 20, adquiere Soimca, Sociedade Impressora Caxiense, que tenía una buena distribución en el sur del país con su baraja española y, principalmente con el “Pingüino”. La aceptación de las barajas plásticas de Copag en los casinos de las Américas atrajo a la belga Cartamundi, una de las mayores fabricantes de barajas del mundo, que ha adquirido el 50% de su capital, en 2005. Hoy, Copag es la única productora de barajas de calidad en el país.

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