jugadores eternos

La baraja ha surgido como una revolución en el mundo de los juegos.

En un diccionario especializado, la entrada ‘baraja’ podría tener la siguiente descripción:

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“Conjunto de objetos planos y uniformes (denominados cartas) que presentan en una de sus caras, símbolos que se pueden agrupar en conjuntos homogéneos (denominados naipes); cada naipe forma una serie compuesta por muchas cartas de valores diferentes.

La otra cara (denominada dorso) presenta un ornamento decorativo, repetido en todas las cartas (en el caso más común, modernamente) o no presenta ningún elemento impreso, lo que ocurre en la mayoría de las barajas producidas antes del siglo XIX. El conjunto se utiliza, principalmente, como elemento de varios juegos, seguido de reglas específicas”.

Esta definición distingue a las barajas de otros juegos con cartas, en los que no existe la jerarquía de valores distribuidos en varios naipes. Existe una extensa gama de juegos con cartas que no son barajas. Tal vez, el más popular en Brasil es el Mono, aún producido por Copag en dos versiones, en el que se deben agrupar los pares de cartas con el femenino y el masculino de varios animales. Otro juego de cartas conocido que ‘no utiliza baraja’ es Magic the Gathering, creado en 1993 por el matemático Richard Garfield. A pesar de estar agrupadas en conjuntos de colores, no siguen la estructura típica de los naipes utilizados en las barajas.

Copag ofrece una extensa gama de juegos con esas características, denominados Games. Existen juegos destinados desde el público preinfantil hasta el público adulto.

Jugar es una actividad primaria del hombre, e incluso de otros animales. Johan Huizinga, que fue rector de la Universidad de Leyden, en Holanda, un importante filósofo cultural del siglo XX y uno de los estudiosos más eruditos en el concepto del juego, considera que esta actividad es tan importante como el raciocinio (que nos ha caracterizado como Homo Sapiens) y la fabricación de objetos (Homo Faber). El Homo Ludens (aquel que juega) merecería un lugar en nuestra nomenclatura de especies animales. Ciertamente, jugamos desde mucho antes de habernos pasado por la clasificación de Homo.

A diferencia de los ‘primos’ más antiguos, dados y juegos de tablero, las barajas se inventaron hace poco tiempo, relativamente. Los primeros registros conocidos datan de la Edad Media, entre los siglos XIII y XIV.

Los juegos de tablero, por otro lado, se encuentran en registros, incluso del Antiguo Egipto y de Babilonia. El conjunto más antiguo con esas características (rescatado completo con el tablero y sus piezas) data del 4.000 al 3.500 años antes de Cristo. Se encontraba en una tumba en El-Mahasna, al norte de Abydos, en Egipto. En el Museo Británico, se exhibe con orgullo un conjunto del juego real de Ur, que data de unos 2.500 años antes de Cristo. Los dados también datan de alrededor de 2.300 años antes de Cristo, cuyo origen podría haber sido el de los osselets, que son pequeñas piezas formadas por huesos de animales, que tenían un uso todavía desconocido, pero con la posibilidad de que hayan sido instrumentos de juegos primitivos, con registro de que existieron 4.200 años antes de Cristo.

Mesa de Senet Jogo Real de Ur
Mesa de Senet, a la izquierda, y el juego real de Ur, a la derecha, son algunos de los juegos más antiguos de los cuales se tiene registro.

Los juegos de tablero tienen por objetivo capturar y posicionar las piezas. Asociado a los dados añaden el factor “suerte” a las estrategias. Los juegos de barajas, a diferencia, tienen como objetivo combinar conjuntos o secuencias de cartas.

Pero su peculiaridad principal, que los distingue fundamentalmente de los juegos existentes hasta entonces, es ser los primeros basados información incompleta. Mientras que en los juegos de tablero, todos los jugadores conocen las posiciones de las piezas y sus posibilidades de movimiento, en los juegos de barajas, parte de esa información no se conoce, lo que añade un componente de incertidumbre en la estrategia de la competencia. Además del factor suerte y del azar agregados por los dados, se suma la falta de información completa sobre las “piezas” en juego.

La sorpresa de lo desconocido, la practicidad de transporte y almacenamiento, la variedad de juegos que se pueden practicar con cantidades variables de jugadores le hicieron la fama de este invento. Se hicieron tan conocidos, que superaron a los juegos de tablero en popularidad y diversidad.

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